29/ 06/ 2017
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Travesía por los caminos de Darwin en la Argentina PDF Imprimir E-Mail
ImageUn circuito de turismo científico propone descubrir en territorio argentino los escenarios que fueron inspiración del naturalista inglés Charles Darwin para su teoría de la evolución hace casi 200 años. El itinerario incluye a Buenos Aires, Santa Fe, Mendoza y la Patagonia. Además, varios museos conservan sus hallazgos más valiosos.

Una de las propuestas de turismo científico que destacan a la Argentina en el mundo entero es la que transita los caminos recorridos por el naturalista inglés Charles Darwin entre los años 1833 y 1835 a bordo del buque HMS Beagle, comandado por Robert Fitz Roy. Una expedición que visitó diversas regiones para la recolección de organismos vivos y fósiles, así como estudios geológicos que posteriormente le sirvieron para el desarrollo de la teoría de la evolución.

Además de la Argentina, Darwin exploró muchos otros rincones del mundo como las costas de África y Australia y las Islas Galápagos. El viaje duró cinco años y sus anotaciones, muestras y observaciones derivaron en un texto que dio en llamarse “Diario de viaje de un naturalista alrededor del mundo”, un éxito editorial que revolucionó tanto al mundo científico como al académico.

Valiosos hallazgos

El objetivo central que tenía el naturalista era cartografiar las costas sudamericanas, pero en su paso por territorio argentino descubrió valiosos fósiles que hablaban de un pasado hasta ese momento totalmente desconocido y animales como el ñandú, el guanaco, la vicuña o la alpaca que lo sorprendieron por su contextura y comportamiento. Algunos de estos hallazgos fueron trasladados al Museo Británico y otros se conservan en salas de exposición nacionales.   

Darwin registró no sólo las características de la flora y la fauna, sino también las costumbres de criollos y nativos, así como las características geológicas de las regiones.

El primer arribo lo hizo en la desembocadura del río Negro mediante gestiones autorizadas por Juan Manuel de Rosas -el entonces gobernador de Buenos Aires-, para comenzar a recorrer las pampas bonaerenses a caballo en dirección a la Capital Federal y luego derivar en el río Paraná hasta la provincia de Santa Fe.

Destinos bonaerenses

Una de las primeras zonas que visita Darwin es la actual Carmen de Patagones, en el extremo sur de la provincia de Buenos Aires, donde recorre una salina y avanza por el valle de los ríos Negro y Colorado.

Luego de una entrevista con Rosas, el naturalista atraviesa los médanos del sur bonaerense y llega hasta Bahía Blanca, entonces un área prácticamente desierta y hoy una de las ciudades portuarias más importantes del país.

Más adelante, lo sorprenden las zonas de Pehuen Có y Punta Alta por la abundancia de fósiles y restos de animales ya extinguidos. En ambos destinos, el viajero encuentra hoy Museos de Ciencias Naturales que conservan algunos de los restos de megaterios, macrauquenias y gliptodontes que Darwin halló.

Especialmente en la zona de Pehuen Có, el naturalista reunió un conjunto de arbustos endémicos de la región que posteriormente se popularizaron como “retama de Darwin”. La especie tiene ramas sin hojas y crece en forma de mata sobre los médanos, aunque actualmente se la considera en riesgo, por la urbanización y circulación de vehículos en su hábitat.

El siguiente destino bonaerense fue Sierra de la Ventana, uno de los rincones de la provincia de Buenos Aires elegido para el turismo de aventura, escaladas, parapente y camping.

En dirección a la ciudad de Buenos Aires, Darwin pasó también por Luján y San Antonio de Areco, donde le llamó la atención un puente de 27 metros de largo construido en madera de ñundubay, a fines del siglo XVIII. Si bien la edificación ya no existe, el sitio fue declarado Lugar Histórico Nacional.

Una de las recomendaciones al viajero en esta zona es alojarse en algunas de las 300 estancias que ofrecen servicios personalizados, tareas rurales, domas y shows de folclore.

Fascinado por la exuberancia de la naturaleza en plena región Litoral, Darwin navegó por el Paraná -hoy uno de los ríos argentinos más destacados a nivel mundial por los dorados y surubíes- y pasó por las localidades de San Nicolás, Rosario y Santa Fe (capital de la provincia homónima) para luego volver a Buenos Aires y encaminar su rumbo a Uruguay, a través del Río de La Plata.

Camino a la Patagonia

Tras su aventura por la Banda Oriental, Darwin zarpa desde Buenos Aires rumbo a Puerto Deseado, una pequeña urbe pesquera de la provincia de Santa Cruz, en plena Patagonia argentina, donde descubre la ría Deseado, una rareza geológica que hace miles de años permitió, en un cauce de 40 kilómetros, que las aguas del océano ingresaran al continente.

La reserva natural es hoy hábitat natural de carmoranes, pingüinos de Magallanes, petreles, flamencos, cisnes, skúas, ostreros, toninas overas y delfines australes, entre muchas otras especies. Y desde allí se accede a los denominados “miradores de Darwin” para el avistaje de una de las panorámicas más sorprendentes de la región.

La expedición continuó en dirección sur hasta Puerto San Julián, sobre la costa atlántica de Santa Cruz, donde Darwin encontró un medio esqueleto de macrauquenia patagónica, un cuadrúpedo del tamaño de un camello. “En remotas épocas, América debe haber sido un hervidero de grandes monstruos; ahora no hallamos más que pigmeos, cuando se los compara con las razas afines que los han precedido”, reflexiona en su cuaderno de viaje.

Puerto San Julián es uno de los sitios históricos más destacados de la región por haber sido testigo de la primera misa católica en Latinoamérica tras el arribo de la Armada de Magallanes a principios del siglo XVI. Posicionada por debajo del nivel del mar, es una urbe en la que se conjugan hoy circuitos museísticos, deportes náuticos, arte rupestre y la observación de una biodiversidad única.

El camino sigue hacia el sur y desemboca en el río Santa Cruz para acercarse a la Cordillera, donde avistan el cerro que fue bautizado posteriormente por Perito Moreno como Fitz Roy, una de las actuales mecas de los escaladores del mundo. Allí, recién en 1986 fue inaugurado el poblado de El Chaltén, muy cerca de El Calafate y el Parque Nacional Los Glaciares.

Según los relatos de viaje, las duras condiciones climáticas los obligaron a regresar hacia la costa y poner rumbo hacia Islas Malvinas para luego desembarcar en la provincia de Tierra del Fuego, el destino más austral del continente.

En Ushuaia -la capital fueguina- Darwin se sorprende por la grandeza del Canal de Beagle. Imperdible para los viajeros allí es la Isla de los Pájaros, con lobos marinos y numerosas especies de aves; el Faro Les Eclaireurs, donde están los restos del buque Monte Cervantes, hundido en 1930, y un espacio que proyecta La Aventura del Beagle, una recreación artística de la expedición encabezada por Fitz Roy y Darwin.

La Cordillera cuyana

Desde la Patagonia y a través del vecino país de Chile, Darwin llega a la provincia de Mendoza, en la región argentina de Cuyo, donde encuentra el primer bosque fósil de América, el cual si bien quedó prácticamente devastado, conserva un monumento en homenaje al naturalista.   

En Mendoza, los destinos más atractivos que conservan las huellas de Darwin son Uspallata, ideal para caminatas, cabalgatas y rafting; los centros de esquí Los Penitentes y Las Leñas, y el Puente del Inca, en las cercanías de la capital provincial, un escenario natural de 47 metros de largo sobre el río Las Cuevas con aguas termales de propiedades curativas.  

Algunos relatos históricos indican que en tierras mendocinas hoy reconocidas por la Ruta del Vino, Darwin fue picado por vinchucas y que habría contraído el mal de Chagas.

Un lugar especial

Dentro del itinerario científico por los caminos de Darwin, otra de las paradas recomendadas es el Museo de Ciencias Naturales de La Plata (capital de Buenos Aires), donde se conservan una decena de fósiles, animales y fragmentos originales del libro El viaje del Beagle, en el cual describe las apreciaciones sobre la vida pasada y actual del territorio argentino.
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